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miércoles, 30 de abril de 2014

día 2. el viaje en autobús
el señor del abrigo azul turquesa entró en el autobús a las seis y veintiocho de la mañana. exactamente, cuarenta y nueve minutos después de mi larga siesta, y cincuenta y dos después de que nosotros subiéramos. el conductor había sido muy amable y nos había permitido ocupar los últimos asientos pese a que no eran los que teníamos asignados. y después de contarnos alguna que otra curiosidad sobre el viejo oxí –así era como llamaba al autobús–, salió a fumarse un cigarrillo hasta la hora de partir.
julio, que se había amodorrado contra el cristal de la ventana, dio una sacudida en aquel momento y  regresó de nuevo a la inconsciencia. yo me reí bajito. seguro que había soñado que se caía.
el revisor volvió a pasearse por el estrecho pasillo con mirada altiva, luciendo su placa plateada que llevaba impresas las letras de su nombre. Agustín Recio, Revisor de Autobús, rezaba. de alguna forma, los uniformes y las identificaciones otorgaban algún tipo de autoridad y respeto en las figuras que las llevaban. si una recepcionista de un hotel te pedía por favor que esperases, tú asentías –paciente o impacientemente ya era cuestión de preferencias–.
el revisor se aproximó hasta nosotros, y me sonrió de forma espeluznante, en un frustrado intento de coquetería. las chicas jóvenes parecían ser uno de sus pequeños placeres en  los viajes largos. a mi hermana dani le producían ataques de pánico y paranoia esa clase de conductas: vámonos de aquí, petra, que el de los panfletos nos está mirando; no mires hacia la izquierda, que acaba de entrar un chico que mueve demasiado la cabeza; petra, el señor de la frutería me ha guiñado un ojo, la próxima vez vas tú a por manzanas. sin embargo, yo, como decía julito, era una niña criada en la calle, y nada me amedrentaba. 
–vaya, vaya, señorita. su novio la ha dejado más sola que la una. a su edad, yo no le quitaba el ojo a una moza tan bonita –dijo el señor recio– ¡pero bueno! si se ha puesto colorá, que alegría poder sacarle los colores a la mujeres todavía.
le sonreí amablemente, pero me quede en silencio. y al ver que no daba pie a más conversación se despidió brevemente y se encaminó hacia el hombre del abrigo azul turquesa.
lo cierto es que mi rojez no venía sino del hecho de que nos hubiera confundido con una pareja. últimamente el universo enfilaba en esa dirección, me llegaban señales de la existencia de una relación entre ambos que no había. tendría que llamar a dani nada más llegar al hotel para conocer su opinión. en este aspecto, presumía de ser una auténtica entendida. aunque a mí sus numerosos líos amorosos no me parecía que fueran fuente de sabiduría, sino la forma más rápida de no conservar ninguna relación.
me acomodé nuevamente en el asiento. estoy convencida de que han sido creados como tortura humana. tenía que preguntarle a julio como lograba dormir tan plácidamente. observé su postura relajada, sus rodillas encajaban perfectamente con el hueco que había entre una fila y otra; y su cuerpo, mucho más largo que el mío, parecía hallar más espacio y confort que yo. 
de pronto, me fije en que su boca formaba una pequeña semiluna. me encontré deseando febrilmente que estuviera soñando conmigo. no seas tonta, me dije, desde cuando te importa lo que piense él.
el autobús se detuvo por quinta vez, esta vez cerca de un pequeño puerto. había un cartel de bienvenida que lo bautizaba como Aguasdulces. el señor del abrigo azul turquesa se bajó del vehículo y se despidió de agustín con un movimiento de cabeza. le eché un vistazo al reloj. todavía quedaban cincuenta y cuatro minutos hasta Torbacín y de allí, media hora caminando hasta el pueblo de mi tía inés.
agustín dio un grito de ¡en marcha! y el viejo oxí, tras un fuerte rugido, se puso en movimiento de nuevo. 
quizás fue un presentimiento, o pura casualidad, pero sentí la necesidad de mirar como nos alejábamos del pueblo por el cristal trasero, y pude ver como el hombre del abrigo azul turquesa sacaba de éste lo que parecía un montón de dedos sanguinolentos. aunque bien podían haber sido salchichas con ketchup. me di cuenta de que me había descubierto, y ahora, no me quitaba los ojos de encima. quería despertar a julio para que me insuflase vida de nuevo, porque me había quedado sin aliento.
me sentía como mi hermana dani. me hubiese gustado salir corriendo.

7 comentarios:

Vorágines dijo...

me ha encantado leer un texto tan largo. bueno, tampoco lo es tanto, pero comparado con lo que suelo leer casi siempre suelen ser fragmentos o cosas más breves, y la verdad es que si me pongo a leer y me gusta, me da igual su extensión. a mí es que me encantan los viajes en autobús y todo lo que tiene que ver con ellos, cuantas más horas mejor. tengo curiosidad por saber más sobre el hombre del abrigo azul turquesa, petra y julio. no sé si son personajes fijos de tu blog o comentarás otras cosas, pero de momento será un placer leerte.

(saludos)

Elizabeth Romero dijo...

En definitiva me ha encantado tu texto, me has dejado con las ganas de saber qué pasa después. Apoyo a dani; soy igual, me dan miedo. Respecto a los asientos de autobús, esos asientos están diseñados para la tortura.
Te agradezco por el comentario en mi blog. Respondiendo tu pregunta, abigail es amiga mía. Dio la pura casualidad que su personaje se llama como yo y no me atreví a cambiarle el nombre, a parte que Elizabeth me gusta mucho (?)
Estoy ansiosa por leer más de ti.
Saludos.

Willow Hope dijo...

¡holahola! muchísimas gracias a las dos. la verdad es que me motiva un montón ver que a la gente le gusta lo que escribo. me da la impresión de que es algo medianamente bueno.
–vorágines: lo cierto es que no me había planteado qué hacer con ellos. tengo la mala costumbre de llenarme la cabeza con personajes, y llevarlos de un lado a otro sin destino alguno. quizás vuelvan a aparecer, quizás les cambie el nombre, o sus historias. no sé. pero seguro que no les olvido.
un beso.

Mon H dijo...

Qué atmósfera tan interesante has creado. Dan ganas de continuar leyendo. Como tu has comentado, yo también seguiré pasando por aquí.
Un saludo

h i l i a dijo...

pienso igual que mon h., has conseguido crear un ambiente en el que uno no puede hacer más que leer y saber qué sucede a continuación y yo diría que esto es lo mejor que te puede pasar cuando lees un texto, así que felicidades.

oh, y larga vida a las minúsculas. ;-)

un abrazo.

RH dijo...

Me gusta cómo escribes. Me gusta la historia y la idea de cómo la estás contando. Y me encanta ver que la estás escribiendo a medida que la publicas y que las cosas van sucediendo, con personajes que aparecen y desaparecen, como el hombre del abrigo azul turquesa. Es como entrar en el taller de un artista y verlo trabajar. Un privilegio :)
Un beso

Willow Hope dijo...

¡muchísimas gracias a los tres! me alegra muchísimo que os haya gustado, sobretodo viniendo de vosotros (grandes artistas y creadores en esto del mundo literario, y poetas). intentaré continuarlo y no dejaros con la duda, ya que como bien ha dicho RH, lo voy escribiendo según me sale.
un beso.