los ochenta
1980 – Star Wars: Episode V The Empire Strikes Back and The Blue Lagoon
1981 – Raiders of The Lost Ark and Chariots of Fire
1982 – Blade Runner and E.T the extra-terrestrial
1983 – Risky Business and Star Wars: Episode VI Return of the Jedi
1984 – Terminator and Ghostbusters
1985 – Back to the future, The Breakfast Club and The Goonies
1986 – Stand by me, The mosquito coast and Ferris Bueller's day off
1987 – Empire of the Sun, Dirty Dancing, Innerspace and The Princess Bride
1988 – Rain Man, Big and Who framed Roger Rabbit
1989 – Dead Poets Society and Steel Magnolias
fotografía de caroline..................................... seguir a hope....................sobre septem borealis
.................................................song of the week
..............................................'underdogs' by benjamin
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lunes, 12 de septiembre de 2016
viernes, 9 de septiembre de 2016
sábado, 5 de septiembre de 2015
día 13. persona desastre
o lo que soy
cuando no estás.
cuando el led del móvil parpadea,
y no eres tú.
cuando llega un whatsapp
a las 3.00 am
y me preguntas qué hago.
y no respondo.
cuando llaman a la puerta,
y no eres tú.
o sí eres tú, y sonríes.
y dices,
es 16 de febrero,
nuestro san valentín.
y me río,
me río porque solo somos amigos.
cuando volvíamos
de madrugada,
cogidos de la mano.
y cantabas.
cuando el tiempo se extraviaba
y daban las seis del día después,
y aún seguías conmigo
hablando de nada.
cuando llegó el correo
que lo cambió todo.
me han dado la beca
me voy.
y tú sonreías, pero yo solo veía la vida sin ti.
cuando terminó el viaje
en verano,
y me abrazaste la última.
(susurros)
eres mi mejor amiga,
no sé que voy a hacer sin ti.
cuando pienso en un día de invierno
cuando acabábamos de conocernos,
tú diciendo
mi novia es mi mejor amiga.
yo qué soy.
: una persona desastre,
desde que sé de ti.
o lo que soy
cuando no estás.
cuando el led del móvil parpadea,
y no eres tú.
cuando llega un whatsapp
a las 3.00 am
y me preguntas qué hago.
y no respondo.
cuando llaman a la puerta,
y no eres tú.
o sí eres tú, y sonríes.
y dices,
es 16 de febrero,
nuestro san valentín.
y me río,
me río porque solo somos amigos.
cuando volvíamos
de madrugada,
cogidos de la mano.
y cantabas.
cuando el tiempo se extraviaba
y daban las seis del día después,
y aún seguías conmigo
hablando de nada.
cuando llegó el correo
que lo cambió todo.
me han dado la beca
me voy.
y tú sonreías, pero yo solo veía la vida sin ti.
cuando terminó el viaje
en verano,
y me abrazaste la última.
(susurros)
eres mi mejor amiga,
no sé que voy a hacer sin ti.
cuando pienso en un día de invierno
cuando acabábamos de conocernos,
tú diciendo
mi novia es mi mejor amiga.
yo qué soy.
: una persona desastre,
desde que sé de ti.
lunes, 18 de mayo de 2015
día 12. cuando la vida no te da ni limones
estar enamorada es una mierda. una mierda gigantesca. es como un escupitajo en la cara.
estar enamorada implica no poder concentrarte. supone sentarte a estudiar en la biblioteca durante seis horas seguidas sin levantarte, porque enfrente se sienta él. no levantas el culo ni para mear, porque puede que él aproveche ese momento para irse. y tú necesitas ver a donde se va.
leer la misma línea durante veinte minutos, es otra consecuencia típica. tener la necesidad de levantar la mirada y observar como se remueve en el asiento, mirar de reojo y comprobar si a él le pasa lo mismo. mosquearte porque a él si le cunde el tiempo de estudio. a veces, incluso, buscarle en el reflejo de la ventana.
estar enamorada conlleva suspensos, frustraciones, no dormir, dar vueltas en la cama esperando que el cansancio gane la batalla, pero que no puedas alejarle de la mente mientras tanto. estar enamorada es dormir mal todas las noches en las que no sueñas con él.
es hacer tonterías como estar despierta hasta las seis de la mañana, solo porque él se ha puesto a hablar y a hablar, y no quieres desperdiciar la oportunidad de ser la única que esta escuchando. no importa que al día siguiente tengas el examen más importante de tu vida. siempre habrá tiempo para hacer exámenes.
es hacer cosas que sabes que nunca verás recompensadas. es estar pendiente de desearle suerte o de preguntarle que tal le van las cosas. o como esta su abuelo, o su hermana, o aquel amigo de la infancia del que te hablo borracho una vez.
estar enamorada te hace reír con cosas con las que nunca te reirías, te hace creer que él pone las estrellas en el cielo y que siempre llueve cuando él no está.
hace que te apuntes a un bombardeo si él va a ir. y te entristece que luego no aparezca. trae arrepentimientos y preguntas, porque ¿qué estará haciendo él?
estar enamorada supone que te empiecen a gustar comidas que odiabas, o canciones que te daban vergüenza. te convierte en alguien con preocupantes cambios de humor, y con la perpetua necesidad de demostrar que lo último que sientes por él, es amor.
estar enamorada es dolor, dolor cuando necesitas un abrazo, pero él no lo sabe. cuando tú eres capaz de adivinar qué ha soñado esa noche hasta con la postura de sus manos.
estar enamorada es morir día tras día. vivir con el miedo de que él lo descubra, y con el miedo de que nunca lo haga.
estar enamorada es una mierda. sobretodo si eres una enamorada no correspondida.
lunes, 4 de mayo de 2015
día 11. la serendipia
La carretera se extiende hacia el oeste de forma tan interminable como el propio desierto que la envuelve. Hay un niño gritando desde lo alto de ese peñasco. Ha tomado aire y ha saltado. La furgoneta vieja se resiente a medida que pisa más a fondo el acelerador. A ella le gusta este sitio. Quiere quedarse. El agua explota. O explota el niño. Pero hay algo que cambia en la superficie, algo nace en su interior. Ya no es la misma persona. Y el polvo del asfalto vuela, y asciende y lo cubre todo. Y dejamos de ser nosotros, para convertirnos también en tierra esteparia. Huele a quemado. Las ruedas dejan de existir. Tras la última duna hay otro tipo de desierto. Es tan azul como el cielo, tan extenso. Se prende fuego. El niño se sumerge, su cuerpo toca el fondo y acaricia la tierra. Algo brilla encima de su cabeza. Quizás significa que vuelve a ser él.
lunes, 13 de abril de 2015
lunes, 18 de agosto de 2014
día 9. los ojitos derechos
"si algún joven viene a pedirme la mano de mary o de kitty, que pase, porque tengo mucho tiempo."
siempre que termino esta película, rebobino para volver a ver los últimos 30 segundos. son mi escena favorita de orgullo y prejuicio, a diferencia seguramente del noventa y nueve por ciento de todos aquellos que la hayan visto.
nunca he sido capaz de leer el libro, por mucho que mi hermana ha intentado persuadirme con sus muchos argumentos, y aún sabiendo que las historias en las páginas siempre superan a su proyección a través de las imágenes. pero no quiero dejar de disfrutarla. sé que es una tontería, pero el cariño que le tengo no me lo permite.
mi madre solía decirme cuando era más pequeña... bueno, cuando vivía con ella, que yo era de papá y papá era mío. yo no lo entendía. la miraba confundida. ¿cómo iba a ser de papá? yo era de los dos, y papá era de fred, de olivia, de cassie y de mí. y de mamá. ella me sonreía y soltaba aquello de "ya lo entenderás cuando seas mayor".
bueno, supongo que no hizo falta que creciera mucho más. no hizo falta siquiera que llegara a la adolescencia para tener que elegir. cuando papá y mamá se divorciaron, o como lo llama fred, cuando llegó el cisma; yo tenía claro de quien no quería separarme. elizabeth bennet era de su padre y este era suyo, aunque quisiera a todas sus hijas. no importaba tanto de quienes eran las demás.
el ruido de unas llaves me saca de mi ensimismamiento. parece que alguien trata de atinar a la cerradura y no lo consigue. clic. la puerta de la habitación se abre de golpe, y él entra trastabillando. no es necesario que me lo diga para saber donde ha estado las últimas tres horas. el olor de su aliento le acompaña como una sombra.
–hola, cariño –dice mientras se deja caer en el sofá. vuelve a tener esa mirada de locura en los ojos.
–hola, papá –le digo.
se queda dormido casi de inmediato. le desato los cordones y le quito las botas. lo arropo con la manta de cuadros para que no pase frío, y me deslizo en la cama.
mamá no se equivocó. soy de papá. pero él... él no le pertenece a nadie.
llevaba mucho tiempo postergando esta entrada. he estado ausente tantos días que no sabía como regresar. muchas gracias a los que seguís por aquí. no sé si alguien se ha leído un poco la introducción de septem borealis, ahí es donde confieso lo poco frecuente que soy escribiendo. no me malinterpretéis, me encanta escribir, pero solo si estoy inspirada. odio sentarme a teclear porque sí. así que solo puedo prometer que volveré, pero no cuando. espero que hayáis disfrutado este pedacito de viaje.
domingo, 22 de junio de 2014
día 8. toc-toc
–papá es gilipollas –le digo. mi madre pone cara de espanto y casi pierde el control del coche.
–¡no hables mal de tu padre! –grita intentando recomponer la situación. suenan algunos bocinazos por detrás. seguramente los que lo hagan sonar sean hombres. no es que sea lesbiana o feminista, pero las mujeres tenemos más paciencia al volante, y es un hecho. a mí que no me jodan, que mi situación ya es bastante peliaguda. ya sabía, antes de abrir la boca, que insultar así a mi padre era un error.
–¡no sé que problemas tienes en la cabeza! ¡tu padre es un santo y siempre hace todo lo que queréis! está cansado y pierde la paciencia, y es normal. no entiendo porque tienes que tomar partido ni elegir un bando. siempre te pones en su contra.
coge aire y cambia a tercera. el coche llevaba varios minutos pidiéndosela, pero ella conduce a su manera. si no fuera yo la copiloto, otro gallo cantaría. mi padre sería el primero en tocar la bocina.
pongo los ojos en blanco y subo el volumen de la música.
–pues hace un rato no te parecía tan santo... –murmuro. y aunque normalmente mi madre está completamente sorda para cualquier tipo de conversación que sus hijos quieran mantener con ella, en cuanto se trata de murmullos que esperan no llegar a oídos ajenos, ahí es cuando tiene oído canino.
apaga la radio de un manotazo y vuelve a la carga,
–¡los matrimonios se pelean! que discutamos no significa que no sea bueno. tu padre es un bendito y se acabo. si vuelves a decir algo malo de él, te vas de mi casa.
me quedo callada. no puedo apelar contra esa sentencia. todo lo que diga será usado en mi contra o inadmitido como hecho irrelevante para el caso. y hasta aquí llegan mis conocimientos jurídicos. nunca me he desvivido por la carrera de derecho.
mis domingos en casa suelen ser así. mi hermano pequeño está en etapa adolescente y todo lo que salga fuera de su burbuja no le interesa, es decir, ha convertido en su caparazón la casa y el ordenador. mi madre se pasa el día estresada porque el mayor es un bala perdida, aún más perdido viviendo fuera en su castillo flotante. y mi padre... en fin, creo que he dejado clara mi opinión. es la clase de persona para la que el plan perfecto de domingo es largarse a la puta calle a dar un paseo, completamente solo y con el ipod.
no todo el mundo estará de acuerdo conmigo, y lo respeto. a lo mejor el día que tus padres se conocieron, los astros se conjuraron y el destino les deparó una vida perfecta en matrimonio. pero no es mi caso. ni remotamente.
no me juzguéis, por favor. o hacedlo. me da igual. yo prefiero a mis padres divorciados. porque juntos no saben vivir, y tampoco dejan vivir. no entiendo a las parejas que alargan lo inevitable. ¡los hijos salimos jodidos!
al final hemos llegado a casa tarde, y mi madre ha conseguido cabrearme más con ella. con todo el mundo. me paso el día enfadada, ¿veis lo que decía?
subimos en el ascensor a grito pelado. el vecino ya se conoce nuestras riñas familiares. son como el telediario.
doy un portazo al entrar y me siento furiosa en el salón. mi padre que parece más calmado viendo el fútbol, me suelta:
–¿qué ha pasado ahora?
–mamá es gilipollas –le digo.
él asiente. alguien marca un gol.
martes, 10 de junio de 2014
día 7. sleeves
some brave souls
choose to wear
their hearts
on their
sleeves,
but I,
brave or stupid
or perhaps
both,
have chosen instead
to wear mine
on yours.
....Tyler Knott Gregson
some brave souls
choose to wear
their hearts
on their
sleeves,
but I,
brave or stupid
or perhaps
both,
have chosen instead
to wear mine
on yours.
....Tyler Knott Gregson
sábado, 31 de mayo de 2014
día 6. los muertos del jardín
–[...] el tío de sammy crenshaw era un jodido hijo de puta. me importa una mierda lo que billy te contase de él. era un desgraciado que disfrutaba pegando a todas las tías que se follaba. la familia del pequeño sam le repudiaba, todo el pueblo sabía que era la vergüenza del concejal crenshaw. el muy cabrón no pudo aguantarse la ganas de meterse en las bragas de kelly la fácil. en eso no le culpo, ¿acaso alguien sería inmune a los dos encantos de esa mujer? sammy desaparecía por temporadas y sus padres no le hacían ni puñetero caso. ¿sabes dónde se metía? o ¿sabes lo que se metía? sí, seguía los pasos de su tío. otro gilipollas más en la familia y nadie hacía nada por remediarlo. su tío lo tenía bien sujeto por los huevos, ¡joder! lo tenía de camello y saco de boxeo. corre el rumor de que kelly la fácil no se largó del pueblo sino que ese cabrón la mató a palos y obligó a sammy a enterrar los restos. es esa zona muerta del jardín de atrás en la que no crece la hierba. ¿qué cojones le pasó a sammy, gaspy?
–mi madre dice que se llama síndrome de estocolmo.
–eso es, ¿lo has oído? al hijo de perra empezó a gustarle que le zurrasen cada vez que limpiaba mal un plato. chico, ni puto caso a lo que digan los periódicos. las drogas no pudren a la gente, sino los soplapollas de los políticos.
miércoles, 21 de mayo de 2014
día 5. el motel
la intimidad de la habitación había desaparecido. su olor, nuestro olor, había sido sustituido por el de la lejía barata y el vinagre. la marca de las tazas en la encimera estaba fría, pero aún era perceptible, aunque ahora resultaba ajena a todo. no encajaba allí, como el objeto extraño de la escena de un crimen. y allí, en aquella habitación del primer motel de carretera a ochenta y cinco kilómetros de missouri con aspecto cutre y un recepcionista salido de alguna película de terror mala, se había cometido uno. quizá no hubiese indicios de haberse producido, pero para alguien reincidente como nosotros, todo apuntaba a lo mismo. no habíamos dormido más de diez horas de las siete noches que pagamos; y la última bastó para iniciar la guerra que habíamos sufrido tantas veces.
el coche permanecía en el aparcamiento, pero yo sabía que él estaba lejos. quizá cuatro horas caminando lo habían conducido de vuelta a la ciudad, o puede que estuviera ahogándose de nuevo en jarras de cerveza o botellas de vodka. tendría que buscarlo más tarde, nunca lograba encontrar el camino de vuelta. ¿quién podría en su estado? o quizás lo dejaría atrás, como a aquella habitación. permitiría que se desvaneciera en la cuneta después de que el dueño del bar lo echase a patadas, o que algún tipo con tatuajes y pinta de haber pasado más vida en la cárcel que fuera le hubiese dado una paliza. lo abandonaría todo, incluso el coche. volvería haciendo autostop hasta missouri y tomaría el primer autobús de vuelta a casa. papá y mamá me recibirían con los brazos abiertos, y todo volvería a la normalidad. terminaría la carrera, me casaría con héctor y viviría en una de esas casitas adosadas de la costa. tendría una hija llamada anne y un hijo llamado tobías. y seríamos felices. solo pensarlo me produjo escalofríos. la felicidad y yo éramos polos opuestos.
sabía que era inútil lamentarse, el pasado había quedado atrás. no quería volver. fui yo quien huyó, me repetí a mí misma. no más peleas.
me acerqué a la encimera y cogí las llaves del coche. estaban frías. no tenía prisa. todavía era de noche, lo que le daba un margen para beber hasta el amanecer. así que volví a sentarme en la cama, sin intimidad, totalmente ajena. y me sorbí la nariz. puag. apestaba a vinagre y lejía.
viernes, 9 de mayo de 2014
día 4. el camino
hasta donde estoy, llegar
fue como intentar andar
sobre aire o agua.
una odisea, catarsis,
inflamable,
siempre a punto de.
sinsentidos e irascibilidad,
sin saber, ni alcanzar
aquello de la felicidad.
y ahora qué, sigo
no me he movido,
he sobrevivido.
al fin y al cabo,
fue demasiado difícil.
llegar fue como andar sobre el agua.
lunes, 5 de mayo de 2014
día 3. penny lane
hacía mucho calor. tanto que era difícil mantenerse vestido con algo más que el traje de baño. el agua de la piscina había subido un par de grados en su temperatura habitual. podías freír un huevo si lo dejabas suficiente tiempo en el tejado.
desde el porche podía ver como a henry le costaba mantenerse en la misma postura mucho rato. todavía esperábamos que las chicas salieran de la casa para poder bajar a la playa. y él ya no podía estarse quieto. mi tía thalia se quejaba de la juventud de entonces, de que malgastábamos el tiempo en la playa y los bares, en vez de echarnos a la carretera y conocer mundo.
la música de los vecinos llegaba nítidamente hasta nuestro jardín. parecía bob dylan diciendo algo así como resting in the fields, far from the turbulent space.
estábamos en el año ochenta y tres, en plena mitad del ácido verano californiano. con nuestros padres rememorando la década pasada. las melenas largas, las giras con los black sabbath, las guitarras eléctricas y la lengua de mick jagger. do not do drugs.
nosotros éramos distintos. llevábamos la tabla a todas partes y papá nos decía aquello de sois demasiado tiernos para el rock'n'roll.
todos los días eran de sol, y el agua del mar siempre estaba fría. todavía quedaban autocaravanas y buena música. pero nosotros no éramos penny lane.
miércoles, 30 de abril de 2014
día 2. el viaje en autobús
el señor del abrigo azul turquesa entró en el autobús a las seis y veintiocho de la mañana. exactamente, cuarenta y nueve minutos después de mi larga siesta, y cincuenta y dos después de que nosotros subiéramos. el conductor había sido muy amable y nos había permitido ocupar los últimos asientos pese a que no eran los que teníamos asignados. y después de contarnos alguna que otra curiosidad sobre el viejo oxí –así era como llamaba al autobús–, salió a fumarse un cigarrillo hasta la hora de partir.
julio, que se había amodorrado contra el cristal de la ventana, dio una sacudida en aquel momento y regresó de nuevo a la inconsciencia. yo me reí bajito. seguro que había soñado que se caía.
el revisor volvió a pasearse por el estrecho pasillo con mirada altiva, luciendo su placa plateada que llevaba impresas las letras de su nombre. Agustín Recio, Revisor de Autobús, rezaba. de alguna forma, los uniformes y las identificaciones otorgaban algún tipo de autoridad y respeto en las figuras que las llevaban. si una recepcionista de un hotel te pedía por favor que esperases, tú asentías –paciente o impacientemente ya era cuestión de preferencias–.
el revisor se aproximó hasta nosotros, y me sonrió de forma espeluznante, en un frustrado intento de coquetería. las chicas jóvenes parecían ser uno de sus pequeños placeres en los viajes largos. a mi hermana dani le producían ataques de pánico y paranoia esa clase de conductas: vámonos de aquí, petra, que el de los panfletos nos está mirando; no mires hacia la izquierda, que acaba de entrar un chico que mueve demasiado la cabeza; petra, el señor de la frutería me ha guiñado un ojo, la próxima vez vas tú a por manzanas. sin embargo, yo, como decía julito, era una niña criada en la calle, y nada me amedrentaba.
–vaya, vaya, señorita. su novio la ha dejado más sola que la una. a su edad, yo no le quitaba el ojo a una moza tan bonita –dijo el señor recio– ¡pero bueno! si se ha puesto colorá, que alegría poder sacarle los colores a la mujeres todavía.
le sonreí amablemente, pero me quede en silencio. y al ver que no daba pie a más conversación se despidió brevemente y se encaminó hacia el hombre del abrigo azul turquesa.
lo cierto es que mi rojez no venía sino del hecho de que nos hubiera confundido con una pareja. últimamente el universo enfilaba en esa dirección, me llegaban señales de la existencia de una relación entre ambos que no había. tendría que llamar a dani nada más llegar al hotel para conocer su opinión. en este aspecto, presumía de ser una auténtica entendida. aunque a mí sus numerosos líos amorosos no me parecía que fueran fuente de sabiduría, sino la forma más rápida de no conservar ninguna relación.
me acomodé nuevamente en el asiento. estoy convencida de que han sido creados como tortura humana. tenía que preguntarle a julio como lograba dormir tan plácidamente. observé su postura relajada, sus rodillas encajaban perfectamente con el hueco que había entre una fila y otra; y su cuerpo, mucho más largo que el mío, parecía hallar más espacio y confort que yo.
de pronto, me fije en que su boca formaba una pequeña semiluna. me encontré deseando febrilmente que estuviera soñando conmigo. no seas tonta, me dije, desde cuando te importa lo que piense él.
el autobús se detuvo por quinta vez, esta vez cerca de un pequeño puerto. había un cartel de bienvenida que lo bautizaba como Aguasdulces. el señor del abrigo azul turquesa se bajó del vehículo y se despidió de agustín con un movimiento de cabeza. le eché un vistazo al reloj. todavía quedaban cincuenta y cuatro minutos hasta Torbacín y de allí, media hora caminando hasta el pueblo de mi tía inés.
agustín dio un grito de ¡en marcha! y el viejo oxí, tras un fuerte rugido, se puso en movimiento de nuevo.
quizás fue un presentimiento, o pura casualidad, pero sentí la necesidad de mirar como nos alejábamos del pueblo por el cristal trasero, y pude ver como el hombre del abrigo azul turquesa sacaba de éste lo que parecía un montón de dedos sanguinolentos. aunque bien podían haber sido salchichas con ketchup. me di cuenta de que me había descubierto, y ahora, no me quitaba los ojos de encima. quería despertar a julio para que me insuflase vida de nuevo, porque me había quedado sin aliento.
me sentía como mi hermana dani. me hubiese gustado salir corriendo.
lunes, 28 de abril de 2014
día 1. las visiones
como sombras de sombras, aparecían unas y allí otras. tras la luz, sobre ella, a través.
las manos, hipotérmicas, alrededor de los cuerpos, como amorfos y débiles caparazones. con el miedo y los miedos en las trémulas miradas.
no sois bienvenidos en este mundo
fue entonces cuando sentimos el deber de la tierra, la llamada, resquebrajando la cubierta sangrante que acorazaba nuestros interiores. se apareció la intensidad de la aventura cuando fuimos conscientes de que rehuíamos volver porque no pertenecíamos a ningún lugar.
decidimos dejarnos guiar por las visiones, y un día tomamos la pobreza de nuestras posesiones y partimos hacia el extranjero. con los bolsillos vacíos, pero la fortaleza llena.
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